Principio de pertenencia sistémico en la naturaleza

Principio de pertenencia sistémico en la naturaleza

Pertenencia en los animales

Experimento de Harlow

El principio de pertenencia sistémico en la naturaleza no solo resulta una teoría, sino que se ha comprobado científicamente en varias ocasiones por el experimento de Harlow. Este investigador decidió separar a las crías de monos macacos de la especie Rhesus de sus madres.

No solo se limito a una separación, sino que en su experimento encerró a estas crías de macacos en jaulas. En estas colocó dos artefactos, uno de ellos era una especie de biberón que proporcionaba alimento, pero de manera fría. El otro y mediante un peluche de felpa se simulaba el contacto que proporciona una madre a su cría en los primeros momentos de su vida. Pudo observar que la tendencia mayoritaria era entrar en contacto con el peluche. Este le aportaba contacto, algo más buscado que el frío biberón que les daba alimento. De ahí dedujo que las crían requieren más el contacto que el alimento en los primeros años de su vida. Esto confirmaba la teoría del apego y el principio de pertenencia en la naturaleza.

Principio de pertenencia sistémico en la naturaleza animal

Existen innumerables ejemplos de el principio de pertenencia sistémico en la naturaleza animal desde mamíferos hasta en insectos.

En animales superiores se puede ver como es necesario formar parte de un grupo para poder sobrevivir. Una gacela no lo puede lograr sola en la sabana africana y sería rápidamente cazada si no viviese en grandes manadas. Al mismo tiempo sus depredadores requieren también de formar un grupo para poder cazarlas.

Las migraciones de las aves, como la que se observa en la imagen de este artículo, sería imposible sin una coordinación que hiciera posible soportar el desgaste que conlleva volar cientos o miles de kilómetros. Para ello las bandadas se coordinan para sustituirse en la cabeza de cara a limitar el desgaste de abrir el grupo.

Los hormigueros o los enjambres son otro ejemplo. Ningún individuo vive más que para la colectividad. De hecho existen capacidades que las alcanza el grupo y no un animal solitario. Así las abajas poseen un cierto poder homeotérmico, es decir, son capaces de mantener la temperatura de la colmena. Para ello algunos especímenes se sacrifican batiendo sus alas en los extremos del panal para aumentar la temperatura interior en los días de crudo invierno, hasta morir exhaustas.

El organismo humano otro ejemplo de principio de pertenencia sistémico en la naturaleza.

Nuestros órganos funcionan para un todo. Así ni el corazón, ni el hígado, riñón o cerebro viven para si solos. Aunque la actual medicina se ha especializado tanto que existen especialistas que solo los observan y estudian aislados para determinar una patología, el ser humano los requiere a todos funcionando coordinadamente, sistémicamente para vivir.

No se puede ni se debe mirar a uno de ellos para poder comprobar la salud de una persona. Las enfermedades no son de un solo elemento. Así un fallo renal afecta al pulmón y una patología respiratoria se puede hacer sentir en el riñón. Cada vez existe una mayor idea de considerar a las enfermedades como que afectan a toda la persona. Con ello está apareciendo una tendencia hacia la medicina holística.

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