La libertad a la hora de tomar decisiones

La libertad a la hora de tomar decisiones

A la hora de tener que tomar una decisión más o menos trascendente conviene una mirada hacia adentro.

En esta entrada solo se van a valorar las decisiones que uno pueda tomar sin depender de otros, es decir, en las que el 100% de la responsabilidad recae en uno mismo, independientemente de que las consecuencias de ella puedan afectar a otros personas.

La primera pregunta que uno debe realizarse es hasta qué medida somos libres para tomar nuestras decisiones

La cuestión  de si el hombre es libre ha traído de cabeza a juristas, científicos psicólogos, filósofos, teólogos, etc. , no quedando claro si somos capaces de abstraernos de nuestros instintos, deseos, necesidades, pensamientos y manera de ser.

La siguiente pregunta ha de ser es de si somos conscientes de lo que hacemos y de las causas que nos mueven a realizar aquello que llevamos a cabo.

Así deberemos responder a tres preguntas:

¿Qué queremos hacer?

Aquí conviene salir del pensamiento binario que los ordenadores parecen habernos impuesto y contemplar más de dos posibilidades abriendo lo máximo posible el abanico de posibilidades.

¿Cómo lo queremos hacer?

En la medida de las posibilidades trataremos de desapegarnos del resultado, dándole el mayor peso al  proceso de lo que hacemos o tratamos de realizar que a los frutos en sí. Esto nos lleva a disfrutar del momento presente, sabiendo que nunca ningún proceso acaba mal, sino que en ocasiones, abre otro nuevo proceso en el camino del aprendizaje.

¿Desde dónde lo queremos hacer?

Tener clara nuestra fuente inspiradora nos dotará de las suficientes fuerzas si nuestra decisión requiere de un nuevo impulso por las dificultades que nos podamos encontrar en el camino.

En ocasiones para responder a estas cuestiones requerimos abrir nuestra escucha. Para ello deberemos abrir la mente y estar atentos a los hechos y datos nuevos que resultan diferentes a como lo estábamos haciendo hasta ahora.

Después podremos tratar de entender de manera empática a las personas que se pueden ver afectadas por nuestra decisión, metiéndonos en sus zapatos.

Una vez respondidas de forma pausada y consciente a estas preguntas deberemos llevar nuestra mente hacia el corazón y dejar que éste capte la idea, una vez que fue acogida podremos observar cómo se despierta un deseo verdadero que será el impulso que nos lleva a la acción.

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