Tomar conciencia de las propias emociones.

Tomar conciencia de las propias emociones.

Siempre que en este blog se habla de emociones se debe contar con la limitación de que el hecho de la palabra escrita o dicha se sitúa siempre a un nivel cognitivo, Es decir que se habla de las emociones con las idea y pensamientos que se tienen de ellas después de haberlas sentido.

La percepción de un hecho

Ante un hecho concreto o una imagen ya sea interna o externa, cada persona va a poder percibir de una forma individual, dado que cada uno filtra viendo unas imágenes que su prójimo apenas ni percibe o simplemente no les da ningún valor o importancia.

El hecho de que esa percepción sea diferente puede llevar a hacer dudar si lo que existe es una realidad objetiva, o solo existe de verdad aquello que percibimos.

El primero en profundizar en este tema fue el filósofo austriaco Rudolf Steiner que en su libro “La filosofía de la libertad”.

Más de cien años después Antonio Damasio en su libro “El error de Descartes” presentó su tesis de cómo el cuerpo y las emociones guían a cualquier percepción antes de hacerse pensamiento.

Así cada indivíduo antes un hecho o una imagen empleará su emoción para crear un sentimiento, que le guiará hasta un pensamiento.

Por tanto, el conocimiento y la conciencia de las propias emociones puede ayudar a generar unas ideas mucho más claras, de ahí que el saber aquello que transmiten estas emociones será un camino de iluminación para la vida y para saber en qué medida están condicionado la percepción de la realidad.

A su vez las emociones vienen condicionadas por los juicios que cada uno se hace y que vendrán dados por su cultura, su familia, sus valores, lo que ha aprendido, etc.

Las emociones fundamentales ante un hecho

Una vez ocurrido un hecho y tras haber sido percibido por los sentidos, este desencadenará una emoción que tendrá dos consecuencias inmediatas, una respuesta fisiológica corporal y un pensamiento que puede instalarse en la memoria. Tras esta “internalización” del hecho se puede darse una respuesta de externalización que sería un comportamiento.

Tanto la reacción de conducta como el hecho de que nos acordemos quedarán condicionados por la emoción que se ha asociado al hecho desencadenante.

Tomar conciencia de las emociones

Por tanto, y de cara a ser lo más autónomos y libres  de nuestras conductas, pensamientos y recuerdos se debe tratar de tener la mayor consciencia sobre las emociones que quedaron asociadas al acontecimiento.

Nombrar las emociones

Dado que la palabra es creadora, aunque en ocasiones pueda limitar algo que resulta mucho más abarcante, es bueno nombrar la emoción que se siente en cada momento.

Esto es una habilidad que se ha de ir desarrollando. Así en un primer recorrido la persona solo sabe decir ante la pregunta de como se encuentra un simple “bien” o “mal”. Con el entrenamiento de su conciencia puede tratar de ir diciendo que siente miedo, asco, sorpresa, tristeza, alegría o enfado. Y a medida que continúe profundizando será capaz de matizar para decir que no solo siente miedo, sino que siente aterrorizado, ansioso, tenso, desasosegado, preocupado, avergonzado, etc.

Cuanto más se se expresen las emociones más fácil es no caer bajo su absoluto dominio.

Además se puede descubrir la necesidad que encierra cada una de las emociones expresada. Y ya decía Marshall Rosenberg creador de la Comunicación No Violenta (CNV) que la expresión de las necesidades es más importante que la propia satisfacción de esta necesidad.

Comprender las emociones de los demás

A medida que se van expresando las emociones, estas se van conociendo. Si una persona conoce las propias, progresivamente irá descubriendo e identificando las de las personas que les rodean. Para Rudolf Steiner, mencionado anteriormente este hecho se basaba en el sentido más sublime de cualquier individuo, en lo que él dió en llamar el sentido del yo ajeno. También esta capacidad de identificar la emoción de la persona cercana es la propiedad en la que se basa la empatía, que hace que se pueda reconocer los sentimientos ajenos, sin tener que vivirlos en paralelo (algo que sería la simpatía).

Estos pasos que se han descrito aquí son un precioso camino que puede permitir el que cada persona se acerque cada vez más a su esencia y, al mismo tiempo, a las personas que le rodean.

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