¿Veraz, sincero o sincericida?

¿Veraz, sincero o sincericida?

La sinceridad parece ser un valor indiscutible en la sociedad actual, habiéndose llegado al extremo de ser absolutizado.

Todo el mundo tiene la experiencia de encontrarse con alguien y que lo primero que esa persona le espeta es lo mal vestido o combinado que va, o que los zapatos no hacen juego, etc.. Esto se acostumbra, por desgracia, mucho en las familias, haciendo que muchas personas sean reacias a ir a la cena de nochebuena, por ejemplo.

Parecería que una persona sincera es más digna de confianza que otra persona que no lo es.

Pero, este análisis merece una reflexión que vaya un poco más allá, dado que lo opuesto de la sinceridad absoluta no siempre es la mentira, pudiendo ser también la prudencia o el amor hacia la persona que se tiene en frente.

Por supuesto, no se trata de mentir, ni de decir aquello lo contrario de aquello que se piensa, sino más bien en pensar aquello que se dice. Esto es, lo que hace que una persona pueda ser considerada como veraz.

En ocasiones, comentarle a la otra persona todo aquello que se le pasa a uno por la mente, sin ningún tipo de filtro, no es sinceridad, sino sincericidio.

Este último, cuenta con una intención centrada en uno mismo, que no es más que compartir el diálogo interno que uno está teniendo, pudiendo resultar hiriente y agresivo para la persona que lo recibe.

El sincercidio habla más de uno mismo que del otro. Menciona el hecho de no ser capaz de controlarse y también muestra una incapacidad de detenerse por unos segundos y ser capaz de pensar antes de hablar.

Cuento de las tres rejas

Para profundizar en todo esto se puede echar mano de un cuento popular que dice así:

Un joven discípulo, al llegar a casa, le dice a su anciano maestro:

“Esta mañana he oído hablar con malevolencia de ti en la plaza del mercado…”


“¡Espera!”, lo interrumpe el maestro –

“¿Has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?”


– “¿Las tres rejas?”, preguntó su discípulo

“Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?”


“No, maestro. Lo oí comentar a unas personas en el mercado…”

“Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?”


“No maestro, en realidad, no. Más bien, es al contrario…”


“La última reja es
la necesidad. ¿Es realmente necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?”


“Pues, en realidad, no”

“Entonces… – dijo el sabio sonriendo – si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.”

Resumiendo el cuento

Francisco Coronado, un sabio abuelo, resume la idea de este cuento en una frase:

Piensa y siente, si amas más la verdad que vas a decir, o a aquella persona a quien se lo vas a decir.

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