En el coaching se trata de no saber

En el coaching se trata de no saber

En VuelveaSer ya se ha hablado varias veces del coaching.

De Lo qué es y de Para lo que sirve.

En esta entrada lo que se quiere poner de manifiesto de que el coach no requiere conocer la solución al problema del cliente para poder acompañarle a lograr sus objetivos.

Incluso, se da la paradoja de que puede no tener que conocer el problema. De hecho, en el coaching sistémico, algunas sesiones se llevan a cabo en lo que se llama ” de manera ciega”, no teniendo el cliente que formular su problema en voz alta. Aún así, y, aunque pueda parecer sorprendente, estas sesiones son de gran ayuda para aquel que se arriesga con ellas, y, desde luego, se asegura que el coach “no mete mapa” .

El coach realiza preguntas y el cliente va encontrando las respuestas dentro de él, aunque no requiera contestar en alto. Esto es una forma extrema de coaching que, no es ni para cualquier coach, ni para cualquier proceso, ni para cualquier cliente. Se restringe a sesiones de coaching sistémico, dado que en el modelo GROW si que es necesario fijar y explicitar un objetivo y que este sea específico, medible, alcanzable, retador y con un periodo de tiempo marcado en el que se debe conseguir.

El coach no tiene que conocer la solución al problema que está trabajando

En el proceso de coaching no se requiere aportar soluciones, sino todo lo contrario, se trata de acompañar al coachee a que él mismo logre encontrar el camino para lograr el estado deseado y poder dar él el o los pasos necesarios para acercarse a dicho objetivo salvando las dificultades que pueda encontrar.

Acallar al consejo y al juicio

El coach no es ni un consejero, ni un mentor y evita, en todo momento dar consejos y aportar posibles soluciones. Esto paradójicamente hace mucho más difícil la labor del coach, dado que el cerebro humano está programado para evitar la incertidumbre y, por tanto, eliminar los conflictos y las situaciones difíciles que atraviesa la persona que se tiene en frente.

Lo que si puede ser necesario, sobre todo en coaching ejecutivo, es que el coach conozca la jerga que está empleando la persona con la que está trabajando. Así por ejemplo si trabaja con un director comercial de una multinacional, deberá manejarse en la terminología de ventas y de empresa.

Silenciar la voz consejera del coach es, junto a acallar la voz del juicio, dos de las tareas más difíciles a las que se enfrenta un coach novato y que por más experimentado que sea, nunca consigue domar del todo.

Preguntar para que el cliente conozca su problema

Cuando el coach pregunta no es para conocer él, mejor el problema, sino para que lo conozca y lo defina el cliente con el que está trabajando. Se debe evitar que las preguntas vayan dirigidas a la curiosidad y, desde luego, al cotilleo. Esto no quiere decir, para nada que el coach no mantenga en todo momento su presencia y el máximo interés por la persona con la que está trabajando.

El cliente conoce mejor que nadie la solución de su problema

En las preguntas durante una sesión de coaching se acompaña al cliente en el descubrimiento de su problema y en la generación de un espacio, favoreciendo que se tome consciencia de él.

En esa conciencia el cliente va a encontrar la solución a su problema. Además podrá observar los obstáculos que le impiden o le alejan de poder conseguir su estado deseado, así como los recursos con los que ya cuenta.

Esta es una de las diferencias que se encuentran con la psicoterapia, a la que se acerca un paciente que por sufrir de una enfermedad o patologóa requiere de ser guiado hasta ser sanado. Al coaching se acercan personas sanas, y en caso de que el coach detecte que no es así, debe remitirle a algún tipo de terapia ya sea poniéndolo en manos de un psicólogo o de un psiquiatra,

En el fondo se puede decir que el cliente conoce la respuesta, aunque, en ocasiones, parece haberla olvidado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *